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El economista que queria ser indigena (1)

Mucho se puede decir del amigo Hernando De Soto.  Y creo que casi todo se ha dicho.  Desde que lanzó su documental / egotrip El misterio del capital de los indígenas amazónicos muchos se le han ido encima por distintas razones.  Acerca del contenido de las novedosísimas propuestas del amigo Hernando De Soto podremos hablar en otro momento.  Sobre todo porque se manda con unos rollos algo complicados que presenta como si fuese simplísimo solucionar el problema de la pobreza en la selva del Perú moviendo aquí, empujando acá y jalando por acá.  En todo caso, en los comentarios del post en el Utero sobre este tema ya uno se puede ir dando cuenta de la acogida que tiene el amigo Hernando De Soto en el público peruano con acceso a Internet.  Que sé que no es representativo, pero en fin.

El caso es que el amigo Hernando De Soto puede estar a un paso de ganar el nobel en economía, pero aquí en el Perú no nos termina de enamorar.  Quizás todo empezó cuando en un acto de egomarketing, se cambió el nombre del plebeyo “Hernando Soto” al aristócrata “Hernando De Soto”.  Mayores detalles en El pez en el agua de Mario Vargas Llosa, que es otro que me cae más chinche que garrapata de nutria.  Aquí una cita de este libro.

Hernando era vanidoso y susceptible como una prima donna y cuando lo conocí, en 1979, recién llegado de Europa, donde había vivido buena parte de su vida, me pareció un personaje un tanto pomposo y ridículo, con su español trufado de anglicismos y galicismos y sus cursilerías aristocráticas (al apellido paterno le había añadido un coqueto «de» y por eso Belaunde se refería a él, a veces, como «ese economista con nombre de conquistador»).

En todo caso, el blog del Morsa hace un buen repaso de los comentarios al amigo Hernando De Soto desde el lanzamiento de su documental / egotrip.  Yo en esta ocasión me quería referir a otra cosa.

Más allá de la acusación de que El otro sendero es una obra escrita por otros, un alegato que nunca sabremos si es cierto, hay un par de detalles que hay que aclarar para el que no es entendido en el tema y se está dejando llevar por la ola.  Primero, la opinión generalizada es que el libro tiene un valioso aporte en el sentido que puso en la agenda política la promoción de una serie de reformas económicas harto necesarias y que se han quedado estancadas luego.  No en vano muchos documentos acerca de qué hacer para generar crecimiento económico a partir del sector informal (por ejemplo, éste de Enrique Ghersi, 1997) comienzan reventándole cohetes al amigo Hernando De Soto.  Y no en vano Ronald Reagan alguna vez dijo que sin su libro no se habría podido iniciar un debate maduro acerca de la problemática de la economía informal.  Esta gracia fue repotenciada por la publicación de su libro El misterio del capital, que hasta con soundtrack original salió.  Que por favor, si alguien tiene el mp3 de semejante atentado a la dignidad humana, proceda a borrarlo de inmediato.  O si no quedará maldito a quedarse en la informalidad para siempre.

Por otro lado, hay un detalle algo más rebuscado.  Definir el concepto “informalidad” es sin lugar a dudas muy complicado.  Por ejemplo, si una microempresa no se inscribe en la municipalidad, pero sí ha registrado a sus trabajadores y les paga los beneficios laborales correspondientes, ¿es una empresa informal? Depende de a quién le preguntes.  No obstante, para poder desarrollar un análisis del tema como lo hace nuestro amigo amante del blue screen, tienes que partir de una definición única.  O como le llaman en investigación, una “working definition”.

El caso es que el amigo Hernando De Soto de la década pasada en una misma publicación podía usar una definición en un momento y otra en otro.  En esta publicación del Banco Mundial a partir de la página 11 critican las ideas y las contradicciones del planteamiento de sus dos libros. Como que por ejemplo parte de los éxitos de las unidades productivas en la economía informal para justificar que se les pase a la economía formal, a pesar de que, según el documento, nada asegura que ésta pueda sobrevivir al cambio en las condiciones (las reglas en la economía formal no son las mismas que en la informal, indudablemente).  Esto suele ser usado para justificar que la economía formal debería acercarse más a la informal a través de la desregulación y eliminación de barreras de todo tipo.  Hasta ahí podría tener sentido.  No obstante, el documento del Banco Mundial argumenta que buena parte del éxito de esas unidades productivas en la informalidad es que se supieron adaptar a condiciones de corrupción e incompetencia del sector público, lo que generó las condiciones de adaptabilidad e improvisación en esa generación específica de empresarios.  Nada asegura que se replique esas habilidades y conocimientos en la siguiente generación.

Veamos otro enfoque.  En esta presentación del Fondo Monetario Internacional acerca del personaje Hernando De Soto, en la última página, incluyen menciones a críticos de sus ideas.  Aquí se centran en que sus textos no estiman adecuadamente el efecto del registro de las propiedades informales en la economía -el típico rollo de Hernando De Soto-, lo que a la larga puede generar una decepción y una frustración muy grande hacia los mecanismos de mercado.  Esto se sustenta con data de distintos países.  En un caso es porque consideran que pasar de créditos en una economía informal a créditos en una economía formal -uno de los beneficios más importantes de ser formal, según De Soto- tiene en realidad otro set de reglas y que en distintos países puede tener distintas diferencias en los costos, no necesariamente los que él estima para el Perú.  En otro caso es porque el registro de propiedades es costoso.  Y ese costo no lo paga completamente el informal que se está formalizando, pero lo tiene que pagar alguien -ergo, el Estado, o sea, todos nosotros con nuestros impuestos… es decir, nosotros los formales-.  O sea, no es un lonche gratis, como lo plantearía De Soto en su libro, según Christopher Woodruff.

No me malinterpreten.  A pesar de todo sigo admirando al tipo.  En un contexto en el que nadie daba un duro por sus “ladrones y piratas” (como se dice que le respondieron en Washingston cuando pidió plata para trabajar el tema), él convenció a mucha gente de invertir para incorporar a la economía formal a muchos informales.  Y eso tiene su mérito.  Pero por el otro lado que yo sepa nunca ha respondido a inquietudes como éstas que a veces surgen y que en el mundo académico -del cual De Soto se jacta de pertenecer- es saludable, pues hacen más sólido tu argumento.  Si es que lo que te interesa es terminar con una propuesta firme y sólida, claro.

'3 Responses to “El economista que queria ser indigena (1)”'
  1. […] por De Soto: sus intentos vanos por ser proclamado como héroe de la pacificación contra Sendero, sus falencias académicas, su poco respeto por los derechos de propiedad intelectual y, claro está, su vocación por […]

  2. […] por De Soto: sus intentos vanos por ser proclamado como héroe de la pacificación contra Sendero, sus falencias académicas, su poco respeto por los derechos de propiedad intelectual y, claro está, su vocación por […]

  3. […] indígenas – también se refirió al marco teórico de su colega economista. Por ejemplo, sobre el concepto de informalidad: El caso es que el amigo Hernando De Soto de la década pasada en una misma publicación podía […]

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